Por Giuliano Gargiulo, becario del Ministerio de España
Más que palabras
En la Parroquia y Centro Comunitario Episcopal de San Francisco, el sonido de la oración suele elevarse en dos lenguas: inglés y español. No se trata solo de una cuestión de traducción, sino de transformación. Nuestra liturgia bilingüe refleja quiénes somos: una comunidad forjada por la fe, la acogida y la acción del Espíritu Santo en un país culturalmente diverso.
A principios de este año, nuestra parroquia alcanzó un hito muy significativo: nuestra primera Vigilia Pascual totalmente bilingüe. Fue una noche de profunda alegría, en la que tres niños recibieron la Primera Comunión y uno fue bautizado. La participación de toda la asamblea —rezando, cantando y celebrando en ambos idiomas— fue un testimonio de lo que se puede lograr cuando la Iglesia abraza su misión de inclusión.
Todos los miércoles, en nuestra comida comunitaria,«Welcoming Table Miércoles», comenzamos con una oración tanto en inglés como en español. Estas oraciones compartidas son sencillas, pero profundamente significativas. Nos recuerdan que todos tienen un lugar en la mesa y que nuestro lenguaje espiritual debe reflejar la diversidad de aquellos a quienes servimos y amamos.
En esta entrada del blog reflexiono sobre por qué rezamos en dos idiomas, no solo como un gesto, sino como una muestra concreta de la vocación de nuestra parroquia de ser una comunidad bilingüe y acogedora.
Una base teológica: Pentecostés como nuestro modelo (Hechos 2:1-21)
El nacimiento de la Iglesia comienza con un sonido: muchas voces, muchas lenguas, un solo Espíritu. El día de Pentecostés, los apóstoles se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas. Personas de todo el mundo se quedaron asombradas al oír proclamar las maravillas de Dios en sus propias lenguas.
Este momento no es un detalle sin importancia: es una piedra angular de nuestra identidad cristiana. Pentecostés nos dice que la Iglesia no se define por una sola lengua o una sola cultura. Es una comunión en la diversidad. Es Dios que sale al encuentro de las personas allí donde se encuentran.
En San Francisco, cuando rezamos tanto en inglés como en español, no nos limitamos a ofrecer traducciones: estamos reviviendo Pentecostés. Estamos afirmando que el Evangelio no está limitado a una sola lengua. Estamos proclamando que el Espíritu sigue hablando con muchas voces y a través de muchos corazones.
El lenguaje forma parte del amor encarnado de Dios. No es neutral; es cultura, emoción, memoria y poesía. El inglés y el español no son meras herramientas, sino vasos de gracia. Cuando escuchamos«El Señor sea con ustedes»junto a«The Lord be with you», no percibimos división, sino riqueza. El resultado no es confusión, sino abundancia.
Memoria y dignidad: un homenaje a la identidad latina
El idioma es el lugar donde reside la memoria. Para muchos de nuestros feligreses hispanohablantes —especialmente los inmigrantes—, las oraciones en español tienen un profundo significado emocional y espiritual. Son las palabras que pronunciaban sus padres y abuelos; el idioma de las primeras comuniones, las bendiciones, las nanas y los rosarios susurrados al atardecer.
Cuando incorporamos el español a nuestras liturgias, no solo estamos haciendo un gesto de adaptación, sino que estamos rindiendo homenaje. Estamos reconociendo la dignidad de aquellas personas cuya lengua materna no es el inglés. Estamos diciendo: «No tienes que dejar tu identidad en la puerta para entrar en el santuario».
Con demasiada frecuencia, a los inmigrantes se les dice —de forma sutil o explícita— que su idioma es una barrera. En nuestra parroquia, se convierte en un puente. El español no es un problema que haya que resolver, sino una gracia que hay que acoger con reverencia.
Nuestra Vigilia Pascual bilingüe fue una clara muestra de ello. Las familias que rara vez se han sentido plenamente incluidas en las liturgias celebradas únicamente en inglés pudieron escuchar las lecturas y las oraciones en la lengua de su corazón. Los padres pudieron ver cómo sus hijos recibían los sacramentos en una celebración que reflejaba plenamente la identidad de su familia: cultural, lingüística y espiritual.
Esto también fortalece la fe de las generaciones más jóvenes. Muchos de nuestros hijos viven entre dos idiomas: el inglés en el colegio y el español en casa. En nuestra Misa bilingüe, se les invita a asumir ambas identidades con confianza y sentido de pertenencia.
Comunión y desafío: una llamada a la hospitalidad mutua
Convertirse en una iglesia bilingüe no es solo una decisión, es todo un proceso. Requiere traducción, coordinación, paciencia y compromiso mutuo. Desde la preparación de boletines bilingües hasta la selección de música en ambos idiomas, lleva tiempo y esfuerzo. Pero es una labor sagrada.
Enel «Miércoles de la Mesa de la Bienvenida», cuando damos inicio a nuestra comida comunitaria con una oración bilingüe, no empezamos por los aspectos prácticos, sino por la unidad. Afirmamos con palabras y con el corazón que nadie come ni reza solo.
En las celebraciones litúrgicas, la presencia de ambas lenguas nos invita a todos —tanto a los que hablamos inglés como a los que hablamos español— a esforzarnos. Para algunos, eso significa familiarizarse con un vocabulario desconocido; para otros, significa hablar con valentía en una lengua que han aprendido ya de mayores. Cada uno de nosotros está llamado a la humildad y a la generosidad.
Misa bilingüe no Misa con la eficiencia, sino con la comunión. Nos recuerda que no somos meros consumidores de Misa, sino participantes en un Cuerpo vivo. Nos enseña a escuchar con mayor profundidad, a esperarnos unos a otros y a amar más allá de lo que nos resulte cómodo.
No pretendemos borrar las diferencias culturales. Al contrario, las honramos. Pero las colocamos ante el altar y pedimos al Espíritu que las transforme en una ofrenda compartida. Y al hacerlo, descubrimos una unidad más profunda, una que va más allá del lenguaje y se fundamenta en el amor.
Misión y testimonio: el ministerio bilingüe como testimonio público
En un mundo cada vez más fracturado por el miedo, el nacionalismo y el aislamiento, una iglesia bilingüe constituye un poderoso testimonio. Afirma, alto y claro, que la Iglesia pertenece a todos. Da testimonio de que la diferencia lingüística no es un muro, sino una puerta de entrada. Proclama una visión de pertenencia que refleja el Reino de Dios.
En St. Francis, nuestro compromiso con la oración bilingüe no se limita al santuario. Se refleja en nuestra labor social en el barrio a través de «Pantry on the go», en nuestras comidas de los miércoles y en la forma en que nos saludamos unos a otros. Da forma a nuestros carteles, nuestros boletines y nuestra música.
No es una característica, es la base.
Cuando los recién llegados entran en nuestro espacio y oyen hablar ambos idiomas, saben que se les tiene en cuenta. Cuando los miembros más antiguos deciden aprender y adaptarse, están demostrando su amor con hechos. Cuando se reza una oración en español, no es solo para los hispanohablantes, sino para todo el Cuerpo.
Nuestra identidad bilingüe también nos plantea un reto. Nos recuerda que debemos examinar continuamente qué voces se escuchan, qué culturas se valoran y cómo podemos convertirnos más plenamente en la Iglesia a la que Cristo nos llama a ser.
La oración bilingüe no es una mera adaptación, sino una declaración de quiénes somos y a quién servimos. Con cada palabra que compartimos, proclamamos una Iglesia en la que todas las voces cuentan, en la que nadie queda en el olvido y en la que el amor de Cristo se expresa en todas las lenguas.
Una Iglesia, muchas voces
¿Por qué rezamos en dos idiomas? Porque Pentecostés no terminó en Jerusalén. Porque la Encarnación ennoblece todas las culturas humanas. Porque el Evangelio pertenece al mundo. Porque la oración, en su forma más elevada, es un acto de escucha y un don de amor.
En San Francisco, nuestro camino hacia una parroquia verdaderamente bilingüe y acogedora sigue desarrollándose. Se va forjando semana a semana, oración a oración, comida a comida. Lo guía el Espíritu, lo sostiene la comunidad y lo inspira la esperanza de que cada voz cuenta en el coro del pueblo de Dios.
No lo hacemos a la perfección, pero lo hacemos con fidelidad. Rezamos en inglés y en español porque nuestra parroquia está llamada a la unidad, a la justicia, a la alegría y al amor. Rezamos en dos idiomas porque uno solo nunca bastaría para expresar toda la belleza de nuestra comunidad, ni todo el misterio de Dios.

